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7 claves sobre el sistema inmune y el Covid19

  1. ¿Nuestro sistema inmune es un escudo o una balanza?

La mayoría de las personas suelen pensar que nuestra inmunidad es una labor que llevan a cabo principalmente nuestras defensas pero quizás deberíamos profundizar un poco más en el conocimiento del sistema inmune, ya que es más complejo de lo que la gente se imagina.

Generalmente, cuando pensamos en el sistema inmunitario nos imaginamos un sistema de defensas, una especie de “escudo”. Pero el sistema inmunitario, a la vez que es capaz de producir una serie de mecanismos defensivos ante diferentes agentes nocivos, ejerce un trabajo mucho más complejo. Así pues, no solamente tiene un papel defensivo, sino que cuando se altera su equilibrio (si ese papel defensivo fuera excesivo o deficiente), su función se vuelve contra nosotros.

Es decir, en caso de que dicho sistema produzca una reacción exagerada, se da lugar a las alergias y enfermedades autoinmunes. Por otro lado, si actúa menos de lo debido, se produce una inmunodepresión. Esta serie de problemas nos hacen entender que el sistema inmunológico no tan solo es un escudo defensivo, sino que es un sistema que está en continua regulación. Por ello, más que un escudo se asemeja a una balanza, la cual debe mantenerse siempre en equilibro.

  1. ¿Cómo funciona el sistema inmune?

A partir de aquí, nos podríamos preguntar cuál es el funcionamiento en condiciones normales de nuestro sistema inmunitario.

Cuando hay algo que pone en funcionamiento al sistema inmune (desde una herida en la piel, una infección, un agente bacteriano o un virus) se producen una serie de mecanismos biológicos complejos.

En primer lugar, se ponen en marcha una serie de elementos celulares que tratarán de resolver el problema (fase de resolución), y lo primero que harán es provocar inflamación. En el momento en el que el sistema inmune consigue eliminar el daño, se produce la reparación del tejido, se frena la respuesta inmunitaria y se resuelve completamente la inflamación.

Existen una serie de mecanismos a nivel funcional y biológico encargados de esta fase de resolución, pero nuestro sistema inmune no siempre es capaz de resolverse de esta forma y puede suceder que se ponga en marcha la respuesta inmunitaria pero que fallen los mecanismos de resolución. Es decir, que no se frene la respuesta inmunitaria. En este caso, podemos padecer diferentes problemas, ya que se establece un proceso inflamatorio crónico, que en mayor o menor medida puede dar lugar a diferentes patologías clínicas.

La fase de resolución de la inflamación dispone de una serie de mecanismos de regulación muy importantes que van desde el cerebro (hipotálamo) hasta nuestras glándulas adrenales, pasando por todo el sistema respiratorio. Es lo que se llama el eje psico-neuro-inmune-respiratorio. De dicho mecanismo depende que todo el sistema actúe de forma equilibrada.

El sistema inmune es muy sensible y su correcto funcionamiento depende de este eje psico-neuro-inmune-respiratorio. Un eje, que está sometido continuamente a estímulos externos, por tanto, no solo las infecciones, las bacterias o los virus pueden alterar el sistema inmune, sino que todo lo que afecte a dicho eje (p. ej. a nivel cerebral, como el estrés, el miedo, la soledad, etc.) tienen también la capacidad de alterar el funcionamiento del sistema inmune.

  1. ¿Qué ocurre cuando el sistema inmune no funciona correctamente?

Con el paso de los años, el sistema inmune va sufriendo una serie de cambios. Igual que pasa con el sistema endocrino, los músculos o los huesos, que con la edad se van deteriorando y sufriendo transformaciones, con el sistema inmunitario también sucede lo mismo. El sistema inmune envejece. Este proceso se denomina Inmunosenescencia.

Sea por envejecimiento u otras situaciones, el sistema inmunitario puede no responder de manera adecuada a los estímulos que recibe y puede dar lugar a procesos de inflamación crónica como una respuesta inflamatoria de todo el organismo (sistémica) que es asintomática pero que constituye un terreno propicio para las enfermedades.

Esto explica como en el contexto actual del Covid19, haya personas que respondan de una manera y otras de otra, en función de cuál es el terreno sobre el que el virus va a caer.

  1. ¿Qué distingue a las personas resistentes de las que sufren la enfermedad?

Es evidente que el componente genético nos condiciona, pero también es cierto es que el microambiente y los estímulos que la persona ha ido recibiendo a lo largo de su vida van a hacer que podamos distinguir dos grandes grupos de personas: unas más resistentes y otras más sensibles a las enfermedades.

Cuando el sistema inmune ha envejecido y sus mecanismos de regulación no funcionan correctamente, nos vamos a encontrar con un envejecimiento patológico propicio para las enfermedades, en cambio, aquellas personas que tengan un buen envejecimiento se van a caracterizar por un sistema inmunitario resistente.

Entonces, ¿de qué manera podemos intervenir? ¿qué podemos hacer si tenemos contacto con el virus?

Primera etapa

Cuando entramos en contacto con un virus, hay una primera etapa en la que independientemente del tipo de sistema inmunitario que se posea la persona, el virus se va a replicar. Es después de esta etapa inicial, donde se va a poder distinguir a los dos grupos de personas que comentábamos anteriormente.

Segunda etapa

En una segunda etapa (fase pulmonar), en las personas del segundo grupo (sistema inmunitario resistente) se va a producir una disminución progresiva de la carga viral conforme la respuesta inmunitaria vaya actuando, y probablemente sin padecer ningún tipo de sintomatología.

En cambio, las personas que presenten un sistema inmune débil presentarán inflamación y pueden desarrollar neumonía o una afectación clínica más o menos importante. La mayoría de las personas que entren en esta fase, van a ir eliminando el virus a medida que pasan la enfermedad.

Tercera etapa

Pero hay una tercera fase (fase hiperinflamatoria), que afecta a aquellas personas que tienen un sistema inmunitario mucho más deteriorado. En esta fase, es posible que la cantidad de virus que quede en el organismo sea ya muy limitada o prácticamente nula y que, sin embargo, se siga produciendo una respuesta inflamatoria exagerada. Esto se debe a que los “frenos” para que el sistema inmune deje de provocar una inflamación no funcionan.

De esta forma, como los mecanismos de regulación del sistema inmune fallan, se produce una respuesta desmesurada que va a lesionar todo el organismo (no solamente los pulmones, sino también a los riñones, el hígado, el cerebro, etc.). Esto se debe a un estímulo que ha sido generado por el virus, pero que una vez el virus desaparece, el sistema inmune lesiona a una gran cantidad de órganos a causa de una tormenta de citoquinas, en la que la respuesta inflamatoria no se va a corresponder con el virus.

  1. ¿Qué podemos aprender de los murciélagos?

Los murciélagos está acostumbrados a convivir con muchos virus y normalmente no padecen enfermedades. Esto es así porque el sistema inmunitario de los murciélagos se caracteriza, en primer lugar, no por producir una respuesta inmune muy elaborada sino todo lo contrario. Posee un sistema inmunitario amortiguado y sus moléculas están siempre activas. Esto no pasa en los humanos, ya que nuestro sistema solo se activa al recibir un estímulo y vuelve a la normalidad cuando dicho estímulo cesa.

En segundo lugar, el sistema inmunitario de los murciélagos se caracteriza por el grado de tolerancia que tiene ante la presencia del virus. Éste no responde a su presencia y es capaz de convivir con él sin producir una respuesta inflamatoria que caracteriza especialmente las fases graves de la enfermedad en el ser humano.

Actualmente, se ha conseguido identificar cuáles son las moléculas del ‘inflamasoma’ (el aparato biológico donde el ser humano y el murciélago han elaborado una serie de respuestas específicas). La diferencia entre ambos es que el murciélago puede producir una actividad metabólica (tan alta como para poder volar). Esto se ha ampliado a otros campos desde el punto de vista biológico, como poder protegerse de los radicales libres o protegerse del envejecimiento. La longevidad del murciélago es extraordinariamente alta, pudiendo llegar a los cuarenta años de edad. Eso lo ha hecho a través de un mecanismo de adaptación que lo ha llevado a producir una actividad metabólica muy intensa y un sistema inmunitario que ha aprendido a amortiguar su respuesta.

  1. ¿Porque son tan importantes el estrés y las emociones?

¿Y qué es lo que nosotros podemos hacer para tratar de mejorar la respuesta de nuestro sistema inmune?

En primer lugar, podemos tratar de entender qué es lo que está sucediendo. Esto puede deberse al terreno sobre el cual ese virus cae, lo que va a producir un tipo de respuesta u otra. Para tratar de mejorar nuestra propia inmunidad es imprescindible tener una visión y enfoque amplio. El sistema inmunitario no funciona de una forma independiente del sistema respiratorio, lógicamente. Cada sistema está interrelacionado con todos los demás sistemas del organismo.

Refiriéndonos específicamente a la patología respiratoria, podríamos hablar de un eje que nace en el cerebro, llega al sistema inmunitario y afecta hasta el pulmón. Como hemos visto antes, dentro de los mecanismos de regulación, este eje es muy receptivo a los estímulos que vienen de fuera. Por eso, el estrés, el miedo, o los problemas económicos, pueden llegar a tener un impacto enorme sobre este eje psico-neuro-inmune-respiratorio.

Nuestros pulmones están ligados al funcionamiento de nuestro sistema inmunitario. Asimismo, nuestro sistema inmunitario está ligado a los ejes de regulación a nivel central y de respuesta a un nivel global a los problemas o dificultades de nuestro sistema de vida. Nuestro sistema nervioso no depende solamente de los estímulos que recibe desde dentro y del proceso de ‘Inmunosenescencia’. También está ligado a los estímulos que vienen de fuera (nuestro microambiente, fenómenos derivados del estrés o el estado emocional, etc).

Así pues, tratando de aplicar todo lo que hemos comentado, debemos hacer un abordaje multidisciplinar. No solo debemos prestarle atención al sistema inmunitario, a los medicamentos o a la posible vacuna, sino que nuestro estilo de vida (nuestra dieta, el ejercicio, el sueño, como afrontamos los problemas, etc.) cobra una vital importancia.

  1. ¿Cómo podemos protegernos del virus?

De forma resumida, aquí tenemos algunas de las medidas que podemos tomar para protegernos del virus:

Cómo disminuir el grado de inflamación crónica de bajo grado:

    • Mantener una dieta equilibrada y mantenernos dentro de nuestro peso.
    • Restricción calórica.
    • Comer alimentos que tienen la capacidad de modular el grado de inflamación crónica en nuestro organismo, como son los alimentos de alto contenido en flavonoides.

Para tratar de modular la respuesta inmunitaria:

Cómo reforzar los marcadores de resolución o mecanismos que ponen en funcionamiento la parada del sistema inmunitario una vez ha hecho su función:

    • Tomar Omega 3
    • Realizar ejercicios de respiración abdominal, relajación y meditación para cuidar el Sistema Nervioso Vegetativo.
    • Poner atención a la microbiota tomando Probióticos o alimentos ricos en fibra.

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