En el ámbito de la microbiología aplicada a la salud humana, existen estructuras discretas pero…
La Higiene Intestinal
La Higiene Intestinal: clave de la salud
El intestino necesita entre 18 y 24 horas para eliminar los restos de los alimentos ingeridos. Cuando el tránsito no es regular, los desechos se depositan en las paredes intestinales pudiendo impedir la correcta absorción de las vitaminas y de los minerales.
La alimentación mediante alimentos irritantes como las grasas, las harinas refinadas, el azúcar, los ultraprocesados, etc.) contiene sustancias alérgenas. El intestino es sabio e intenta reducir la absorción de estas sustancias secretando mucus, pero a partir de entonces las reacciones alérgicas manifiestas son reemplazadas por alergias ocultas, que a la larga son más nocivas.
En conjunto, la acumulación de desechos y la irritación terminan inflamando el intestino.
La intoxicación crónica, asociada al desarrollo de bacterias patógenas, es probablemente la consecuencia más grave de una mala higiene intestinal. En este caso, el hígado y los ganglios linfáticos no serán capaces de desintoxicar el organismo. La proliferación de macromoléculas alimentarias y bacterianas que pasan a la sangre, junto con una hiperpermeabilidad intestinal pueden provocar innumerables problemas de salud.
Los Lactobacilos forman parte fundamental de lo que se llama microbiota intestinal que constituye una barrera natural contra las bacterias patógenas. Con la reducción o desaparición de los Lactobacilus, desaparece la barrera de protección, aumentando la flora putrefactiva, que colonizará poco a poco el intestino delgado, provocando malas fermentaciones, hinchazones y la formación de aminas tóxicas o tomaínas.
El Profesor Seignalet ha desarrollado una teoría que puede considerarse plausible sobre la patogenia de numerosas afecciones. Esta teoría está respaldada por cientos de investigaciones a nivel mundial. Todos los argumentos están recogidos en su libro L’alimentation ou la troisième médecine, 1998.
Su teoría puede resumirse de la siguiente manera:
“Casi todas las enfermedades son multifactoriales. Su génesis necesita la conjunción de factores genéticos y del entorno. No se pueden modificar los primeros, pero sí los segundos, y eso basta en muchos casos para prevenir o curar.
Los dos elementos importantes son el intestino delgado y la alimentación moderna. Los factores externos, para que “actúen” de manera peligrosa, deben penetrar en el organismo. Pero no pueden atravesar ni la piel, ni las mucosas gruesas e impermeables. Existen dos mucosas muy débiles, por ser grandes y muy finas: los alvéolos pulmonares y el intestino delgado. El intestino delgado es la vía de acceso más importante, porque contiene factores medioambientales, sobre todo alimentos pendientes de la digestión y bacterias. La única barrera que separa estas sustancias peligrosas de nuestra circulación sanguínea es una mucosa de 600 metros cuadrados de superficie y de 1/40 milímetros de ancho.”
Cuando la alimentación es sana y natural, las enzimas digestivas y las mucosas intestinales están adaptadas a las moléculas ingeridas. Estas últimas no atacan la pared del intestino delgado y se separan en fragmentos peptídicos muy pequeños. La mucosa se encuentra en buen estado y únicamente deja pasar estas pequeñas moléculas.
Además, la microbiota bacteriana se encuentra igualmente normal. Está presente en abundancia y variedad, con más de 500 especies diferentes.
En cambio, cuando la alimentación es deficiente, muy habitual hoy en día, las enzimas y las mucosas no están adaptadas a las moléculas que se encuentran en el organismo.
Esto produce:
- Digestión insuficiente de algunos elementos, lo que libera numerosas moléculas alimentarias en la luz digestiva.
- Evolución hacia una flora de putrefacción con aparición de bacterias más o menos peligrosas, cuya destrucción por las defensas inmunitarias libera numerosos detritus bacterianos en la luz digestiva.
- Agresión contra la mucosa del intestino delgado, que puede verse afectada y pasar a ser demasiado permeable.
El estrés tiene un papel agravante, favoreciendo la secreción de interferón G. Este mediador se une a unos receptores membranarios de los enterocitos y separa a estos últimos entre ellos, lo que produce una agravación de la hiperpermeabilidad intestinal.
A través de la mucosa, ahora porosa, pasan macromoléculas alimentarias y bacterianas que serán responsables de tres grandes categorías de patologías:
- Los péptidos antigénicos y las proteínas superantígenas, capaces de activar los linfocitos T, inducen enfermedades autoinmunes.
- Las moléculas no antigénicas, que no son reconocidas por los linfocitos T, van acumulándose progresivamente en el medio extracelular o en el interior de las células. Producen enfermedades de “ensuciamiento”.
- Los polinucleares neutrófilos y los macrófagos se ocupan de la eliminación de las moléculas exógenas, que no pueden romper las enzimas. Está asegurada porque transportan los desechos a través de los emuntorios. Cuando los glóbulos blancos son muchos, provocan una inflamación del emuntorio. Es la patología de eliminación.
La mejor manera de reducir al máximo la absorción indeseable de macromoléculas alimentarias y residuos bacterianos nocivos, que pueden provocar innumerables trastornos de salud, es una correcta alimentación.
Este cambio en los hábitos de alimentación, en ocasiones radical, puede provocar un giro de 180º en enfermedades donde generalmente se desconoce su etiología u origen.
En ocasiones pude ser necesario un aporte de nutrientes o elementos vegetales que ayuden a agilizar la higiene intestinal, favoreciendo la detoxificación de materias putrefactas y la regeneración de la mucosa.
En este sentido, dos magníficas ayudas son los Prebióticos y los Probióticos.
PREBIÓTICOS
Están principalmente constituidos por fibras solubles, productos lacto-fermentados y fructo-oligosacáridos vegetales. Aunque no proporcionan bacterias benéficas vivas, contienen metabolitos esenciales para éstas, estimulando de manera selectiva el crecimiento y desarrollo de la actividad de la microbiota intestinal, respetando el ecosistema propio de cada individuo.
Fibras:
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- Regulan el tránsito intestinal.
- Atrapan y eliminan azúcares con índice glucémico elevado.
- Atrapan y eliminan numerosas sustancias tóxicas transportadas por la función secretora de la bilis.
Fermentos lácteos:
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- Optimizan las actividades enzimáticas necesarias para el ecosistema intestinal.
- Refuerzan y agilizan la hidrólisis de las enzimas bacterianas.
- Favorecen la digestibilidad de la celulosa.
Inulina (Fructo-Oligosacárido):
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- Permite la producción de ácidos grasos volátiles, responsables de la acidificación del colon, reforzando el efecto “barrera” contra las bacterias putrefactivas.
- Proporciona una fuente de energía para las células epiteliales, estimulando su renovación.
PROBIÓTICOS
Se trata de las ahora tan conocidas Lactobacilus y Bifidobacterias.
Las que han resultado más interesantes después de numerosas investigaciones son las siguientes:
- Lactobacillus Acidophilus.
- Lactobacillus Casei.
- Lactobacillus Rhamnosus (particularmente interesante por su gastrorresistencia y eficaz implantación en el medio intestinal).
Estas bacterias mejoran los procesos digestivos, estimulando la actividad de la lactasa, la invertasa y la maltasa, así como la asimilación de aminoácidos.
Influyen favorablemente en la anatomía y fisiología digestiva, aumentando las dimensiones y la renovación celular de las microvellosidades intestinales.
Contribuyen a la síntesis de ciertas vitaminas, como la vitamina K, B12, B9, B5 y B2.
Inhiben gérmenes patógenos mediante la producción de ácidos orgánicos (a partir de glúcidos como la inulina) y, al disminuir el pH, limitan así su desarrollo. Además, mediante su rápida implantación impiden la colonización patógena.
Tienen efectos anticancerosos e inmunoestimulantes, al destruir nitrosaminas cancerígenas y estimular la actividad de los macrófagos, junto con la producción de anticuerpos, especialmente los IgA.
USOS DE LOS PROBIÓTICOS
Probióticos para el colon irritable
Actualmente se diagnostica de colon irritable o sistema digestivo irritado a cualquier persona que hace más de seis meses que tiene irritación intestinal (heces muy blandas o deshechas o alternación con estreñimiento, distensión abdominal (barriga hinchada) con dolor o no, y gases.
El síndrome del colon irritable tiene una prevalencia de un 10% en la población occidental. Se estima que su origen es 50% de origen nervioso, 50% debido a la inflamación, sensibilidad y hiperpermeabilidad de la mucosa intestinal más una alteración de la microbiota intestinal. De ahí que sea tan importante repoblar el terreno con unos buenos probióticos.
Cada vez hay más estudios que demuestran que los probióticos son sumamente útiles para equilibrar la microbiota y mejorar los síntomas del colon irritable.
Las cepas estudiadas hasta ahora con más beneficios para estos casos son:
- Bifidobacterium infantis
- Sacchromyces boulardii
- Lactobacillus plantarum
Sin embargo, los probióticos pueden ir peor o no hacer absolutamente nada. Es el caso de barriga hinchada y gases, en el que primero hay que “limpiar” un poco la proliferación bacteriana y después repoblar la microbiota.
Probióticos para el tratamiento del Helicobacter Pylori
Esta bacteria, cuando se descontrola, puede dar muchos problemas de irritación, malas digestiones, acidez y ardor.
Mientras hacemos un buen tratamiento con el médico, sería bueno acompañarlo con probióticos que contengan Lactobacillus y la levadura Saccharomyces Boulardii.
Probióticos para el estreñimiento
El estreñimiento es un problema multifactorial.
- Hay que beber suficiente agua.
- Moverse más.
- Hacer una dieta rica en verduras, frutas y cereales integrales.
- Eliminar al máximo los azúcares y los productos refinados.
- Limpiar suavemente los intestinos con gel de aloe o carbonato de magnesio (laxante) o hacer una buena hidroterapia de colon.
- Repoblar la microbiota con un buen probiótico.
Probióticos para la halitosis
La falta de higiene bucal, la acumulación de placa, y la periodontitis son las causas principales de la halitosis.
Dado que el desequilibrio de la microbiota oral puede estar involucrado en la patogenia de muchas enfermedades bucodentales, los probióticos son también una muy buena opción en estos casos.
Las bacterias más recomendadas son:
- Streptococcus salivarius
- Lactobacillus salivarius
También se recomienda hacer gárgaras de aceite de coco con una gota de árbol del té.
¿Cuál es el mejor momento para tomar los Probióticos?
Como la acidez del estómago reduce la eficacia de los probióticos porque elimina una cantidad muy importante de las bacterias, se recomienda tomarlos en ayunas o entre comidas (con el estómago vacío), cuando el pH gastrointestinal es más neutro, y no con una bebida muy caliente ni demasiado fría para que lleguen correctamente hasta el intestino.
Por otra parte, recomendamos que se tomen un mínimo de 3-4 semanas y hasta 2-3 meses según el tratamiento o necesidad.
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