Skip to content

Aditivos Carcinógenos

¿Qué aditivos y alimentos tenemos que restringir en nuestra dieta por su potencial efecto carcinógeno?

Los aditivos alimentarios son sustancias que se añaden de forma intencionada a los alimentos y bebidas con el fin de conversarlos en buen estado durante más tiempo, o mejorar su olor, sabor o color. Algunos son muy tóxicos y deben evitarse. En altas dosis se han relacionado con la posible aparición de cáncer.

  • E-230 bifenilo, E-231 ortofenilfenol y E-232 ortofenilfenato sódico. Son conservantes sintéticos procedentes del petróleo. Se aplican sobre la piel de los cítricos y se relacionan con el cáncer de vejiga. No desaparecen al lavarlos. Si se va a usar la piel de los cítricos para su consumo, es importantísimo asegurarse de que sean de cultivo ecológico.
  • E-239 hexametilentetramina. Es un conservante sintético derivado del amoniaco y del formaldehido. Se emplea en conservas de pescado, caviar y cortezas de quesos provolone para evitar mohos y bacterias. Se ha demostrado que provoca mutaciones genéticas en animales de laboratorio. Es potencialmente cancerígeno.
  • E-249 nitrito potásico, E-250 nitrito sódico, E-251 nitrato sódico y E-252 nitrato potásico. Los nitritos son aditivos utilizados en la industria alimentaria para conservar la carne y darle sabor y color. Están presentes en embutidos, salazones, patés, preparados de carne, bacón y cervezas. Son tóxicos. En el estómago se convierten en nitrosaminas que pueden ser cancerígenas.
  • E-284 ácido bórico. Se emplea en el caviar y en ciertos enjuagues bucales. Es un tóxico que afecta al sistema nervioso.

 

Tipos de alimentación o cocciones que NO deberíamos consumir

Alimentación rica en alimentos preparados a la barbacoa, parrilla y fritos

Con estas técnicas culinarias se generan sustancias cancerígenas como los benzopirenos y las acrilamidas.

Alimentación rica en azúcares refinados

La bollería, la pastelería, las pastas, las galletas, los helados, las mermeladas, las golosinas y demás productos de repostería contienen grandes cantidades de azúcares y grasas trans, y muy pocos nutrientes.

El índice glucémico (IG: medida de la rapidez con la que un alimento puede elevar el nivel de glucosa en la sangre) y la carga glucémica (los gramos de hidratos de carbono por porción comestible) de estos productos son muy elevados.

Las dietas basadas en alimentos con IG alto se relacionan con un mayor riesgo de padecer cáncer. Debemos limitarlos y consumirlos sólo de forma excepcional. Es preferible elaborarlos en casa con harinas integrales y endulzantes naturales, como los dátiles. Se deben evitar también los refrescos gaseosos tipo “Coca Cola o Pepsi Cola” y los zumos industriales, pues son muy ricos en azúcares. Es mucho más recomendable sustituir estas bebidas azucaradas por agua, batidos verdes, té verde o infusiones.

Mucho cuidado con el azúcar blanco refinado que añadimos a bebidas como el café o el té. No es nada saludable y en su lugar, se recomienda utilizar endulzantes naturales, como la estevia.

Alimentación rica en grasas refinadas y animales

Debemos evitar los alimentos ricos en ácidos grasos trans o hidrogenados como la margarina y los aceites vegetales refinados.

Debemos evitar también el exceso de grasas animales saturadas como el bacón, mollejas, panceta, embutidos, manitas de cerdo y codillo, y sustituirlas por grasas vegetales, pescado o carne magra o de caza.

Se recomienda evitar cocinar con mantecas y mantequilla, y utilizar, en su lugar, aceite de oliva virgen extra. En los alimentos precocinados hay muchas grasas trans, especialmente si éstos están fritos.

El exceso de consumo de grasas trans y animales se relaciona con un mayor riesgo de desarrollar cáncer de colon, mama y próstata, así como con la obesidad y la hipercolesterolemia.

Alimentación rica en carnes rojas y lácteos

La carne roja y los embutidos consumidos a razón de más de 20 gramos al día se han relacionado con un mayor riesgo de padecer cáncer, principalmente de colon.

Por otro lado tenemos la carne roja, que es la de ternera, cerdo, buey y cordero.

La carne blanca es la procedente de pollo, pavo, conejo y algunas partes del cerdo.

Por último, la carne y la leche de ganadería convencional contienen antibióticos y hormonas del crecimiento artificiales que nosotros ingerimos al consumirlas.

La carne es difícil de digerir y su metabolización puede llegar a generar toxinas. Si consumimos mucha carne, estamos ingiriendo grandes cantidades de proteínas, y el exceso de proteínas se ha relacionado con un mayor riesgo de cáncer.

Se debe reducir la carne de nuestra alimentación y tratar de suprimir la carne roja y el embutido. Es mejor dar prioridad al pescado y, en menor medida, a la carne blanca o magra. El consumo de pescado y carne magra no es perjudicial, pero su consumo en exceso va en detrimento de la ingesta de vegetales, por eso deben tener una menor presencia en nuestra alimentación.

También es recomendable reducir el consumo de lácteos. Su alta presencia en la dieta se ha relacionado con un mayor riesgo de cáncer de próstata y ovario. Los licuados vegetales (almendras, avellanas o avena) son excelentes alternativas a la leche de vaca.

Alimentación rica en sal

La sal incrementa el riesgo de padecer cáncer y puede conducir a un aumento de la tensión arterial, lo cual es un factor de riesgo de enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares. La mayoría de la sal que consumimos se encuentra en los propios alimentos y no es necesario sazonarlos. El 14% de los casos de cáncer de estómago se podrían evitar si todos limitásemos el consumo de sal a unos 6 gramos diarios.

¿Cuánta sal consumimos al día?

Mientras que la cantidad ideal de ingesta de sal diaria estaría en unos 6 gramos, lo cierto es que el promedio de consumo en la población es de 8,6 gramos. Es decir, diariamente consumimos como promedio un 43% más de sal de la que está recomendada.

¿De dónde procede la sal que consumimos?

El 75% de la sal que ingerimos proviene de los alimentos procesados, ya sean comidas preparadas, queso, patatas chips envasadas, pan, galletas o carne procesada.

El otro 25% lo añadimos cuando preparamos los alimentos, o ya en la mesa.

Los alimentos más salados son:

  • Los embutidos. El más salado es el jamón, seguido del chorizo, el salchichón y el fuet. Entre los embutidos cocidos, destacan el jamón, el pavo cocido y las salsichas.
  • Los más salados son el pan blanco, seguido del pan de molde blanco y el tostado.
  • Los más salados son el queso manchego y el parmesano.
  • Platos preparados y precocinados.

Alternativas a la sal

  • Especias o hierbas aromáticas para cocinar sin sal. Sazonar con especias y hierbas aromáticas ayuda a reducir de forma paulatina la adición de sal a los platos.
  • Limón, lima o vinagre de manzana o arroz.
  • Cocinar los alimentos al vapor, pues de esta forma se conserva mejor el contenido natural del sodio del alimento.
  • La sal marina sin refinar, por su sabor más fuerte, permite emplear menos cantidad para dar sabor a las comidas.
  • La sal oculta de los alimentos elaborados es la más difícil de evitar. Conviene reducir la ingesta de productos procesados y revisar siempre las etiquetas detenidamente.

Alimentación rica en ahumados

El proceso de ahumar genera sustancias cancerígenas, y se ha demostrado una relación directa entre el alto consumo de alimentos ahumados y el riesgo de padecer cáncer de estómago. En el humo de la leña que se utiliza para el ahumado encontramos formaldehido, hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP) y benzopirenos. Todos ellos son potenciales carcinógenos.

Se recomienda evitar salazones y ahumados. De entre todos, el menos perjudicial es el jamón ibérico.

Alimentación rica en refinados

El excesivo consumo de alimentos refinados puede favorecer el desarrollo de cáncer debido a su alto IG, su carácter inflamatorio y su carencia de nutrientes.

Cereales integrales vs cereales refinados

Siempre que sea posible se recomienda elegir cereales integrales ya que son más nutritivos y su consumo provoca efectos positivos sobre la salud.

Tanto los cereales integrales como los refinados están en la base de la alimentación de muchas personas. Algunos de ellos, como el arroz, el maíz o el trigo, se encuentran entre los alimentos con un mayor consumo en todo el mundo.

En general, se consideran buenas fuentes de carbohidratos complejos, además de contar con fibra y algunas vitaminas y minerales. Es por ello que suelen considerarse como un alimento básico que debe incluir una dieta equilibrada y saludable.

Sin embargo ambos presentan algunas diferencias en su composición y generan efectos distintos en el organismo. Entremos un poco en detalle:

Principales diferencias entre los cereales integrales y los refinados

Existen dos tipos de cereales, los integrales y los refinados. Los primeros contienen el grano entero y conservan todas sus capas: el germen, el endospermo y el salvado.

En cambio los granos refinados sufren una transformación industrial en la que se eliminan tanto el germen como el salvado. En la práctica esto se traduce en algunas diferencias claras entre ambos:

  • El cereal integral mantiene los nutrientes presentes en todas sus partes. Esto es: fibra, vitaminas del grupo B, vitamina E, minerales, proteínas y ácidos grasos saludables. El cereal refinado pierde todos estos compuestos y mantiene solo el almidón que se encuentra en el endospermo.
  • El cereal refinado tiene una textura más fina, un color más claro, se conserva por más tiempo y, en general, resulta más agradable al paladar. Es por ello que la industria alimentaria los prefiere a la hora de elaborar todo tipo de productos a base de cereales.

Ambos tipos se pueden encontrar bajo la forma del grano entero o como alimentos derivados. Hoy en día la pasta, los cereales para el desayuno, el pan o las galletas se pueden elaborar con harina blanca o harina integral. Por este motivo, y como veremos más adelante, no hay que confundir esta diferencia con el grado de procesado que puedan tener estos productos.

Los cereales integrales y los refinados tienen efectos diferentes en la salud

Los cereales integrales son más beneficiosos para la salud que los cereales refinados y deberían ser prioritarios en una dieta saludable.

Se recomienda que la totalidad de los cereales que se consuman sean integrales.

El consumo de cereales integrales se ha relacionado con factores como una disminución significativa del riesgo de desarrollar determinadas enfermedades cardiovasculares.

Esto se debe a que el consumo regular de cereales integrales ayuda a reducir el colesterol LDL (colesterol “malo”) y los niveles de triglicéridos. Esto, a su vez, contribuye a una reducción global de un 26% en los factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Además, un cereal integral puede tener entre 2 y 5 gramos más de proteínas que un cereal refinado por cada 100 gramos. También contiene fibra, un componente del que carecen los granos y la harina blancos.

Ambos nutrientes están relacionados de forma positiva con la sensación de saciedad, lo que sería satisfactorio en personas que siguen una dieta para adelgazar o necesitan disminuir sus ingestas totales. Del mismo modo, tienen menor IG (índice glucémico).

A nivel digestivo la presencia de fibra convierte a los granos enteros en un alimento muy útil para prevenir el estreñimiento. Asimismo, la parte que no es digerida llega intacta al colon donde se convierte en alimento para la microbiota intestinal, ejerciendo de este modo un papel prebiótico.

En general los alimentos elaborados con cereales integrales son más nutritivos ya que aportan cantidades sustanciales de vitaminas, minerales y ácidos grasos. En contraposición, los cereales refinados suelen considerarse como calorías vacías proporcionando únicamente energía.

Ahora bien, los cereales integrales no son siempre la mejor opción ya que en algunas ocasiones es preferible optar por los refinados. Este sería el caso de las personas que padecen diarrea, problemas estomacales o en brotes agudos de colitis ulcerosa o enfermedad de Crohn.

Cómo elegir cereales integrales y refinados para el día a día

Hasta el momento sabemos que los cereales son alimentos positivos en una dieta saludable y que existen diferencias entre los integrales y los refinados.

La gran proliferación de alimentos elaborados con cereales y las posibles repercusiones (tanto positivas como negativas) que pueden tener en la salud, ha hecho que el momento de elegirlos pueda llegar a ser motivo de confusión.

Por esta razón te ofrecemos algunos consejos prácticos para facilitar esta tarea:

  • Siempre que sea posible es recomendable elegir cereales integrales y productos elaborados a partir de ellos. Por ejemplo: cereales integrales (arroz, trigo, avena, etc), pasta integral, pan integral o copos integrales.
  • Evitar los productos procesados ya sean refinados o integrales. Las galletas, la bollería, los cereales azucarados o los platos preparados no son recomendables para comer de forma habitual, aunque sean integrales.
  • Los granos refinados, el pan blanco o la pasta blanca con moderación, no tienen porque ser nocivos para la salud. Si bien se trata de alimentos no tan nutritivos como sus homólogos integrales, siempre será preferible comer un plato de arroz blanco que un plato de comida rápida integral.
  • No te dejes guiar por el color de los productos ni algunos mensajes impresos en los embalajes. El color marrón del pan, por ejemplo, no quiere decir que sea integral. Lo mismo pasa con los productos con semillas, salvado, elaborados con granos antiguos o ricos en fibra.
  • Lee las etiquetas para asegurarte que un producto es en realidad integral. En la lista de ingredientes debe constar el nombre del cereal integral (o entero) y el porcentaje que representa. Cuanto más cercano al 100% mucho mejor.

 

 

Síguenos en Instagram para saber más sobre Medicina Natural.

SUSCRÍBETE A NUESTRA NEWSLETTER

y estarás al día de todas nuestras novedades

Volver arriba